martes, 8 de marzo de 2022

Nuestro día.

Mi madre parió cinco hijos, nos cuidó a todos y trabajó de sol a sol. Nunca un descanso, nunca un reconocimiento,  nunca nada. No quise eso para mi hija ni lo quiero para mi nieta, no quiero tampoco para ellas una vida como la mía. Somos capaces de lo que nos propongamos en la vida personal y la laboral. Somos valientes y constantes , y pedimos respeto y que se nos valore  en la justa medida. Igualdad para hombres y mujeres, hoy y siempre.

domingo, 6 de marzo de 2022

Soledad

No tiene color que la defina,

sólo es de consistencia espesa,

sólo es abrumadora y grande,

sólo es un vacío que nos atrapa.


Lo más grande aunque sea breve,

lo más doloroso si no la buscas,

lo que te hunde y te aplasta,

algo parecido al olvido y la penumbra.


Es femenina y te envuelve

con su capa inmensa e invisible,

te hace llorar, te daña, 

te rompe, te mata.


Sólo a veces la llamas

cuando todo te agobia y te para,

a veces ella no es tan mala, y la nombras "soledad"

para que se quede junto a tu cama.


sábado, 5 de marzo de 2022

Te recuerdo en aquella terraza frente a la mía fumando un cigarrillo mientras me mirabas en aquellas calurosas noches de verano.

Las cosas materiales duran más que las personas, y en esa calle sigue el mismo buzón de correos y el mismo supermercado. En aquellas casas, la tuya y la mía, vive otra gente que no sabe  de nosotros, ni de aquél deseo que nos envolvió un tiempo, ni de tus ojos verdes taladrándome la vida, los esquemas, la  compostura, hasta que nos perdimos, porque la vida a veces es tan injusta... y porque no supimos dar el siguiente paso.

No sé si tu aroma es algo material o no, pero sigue prendido en cada pliegue de mi ropa y de mi piel.

Siempre en mi recuerdo y en mi corazón, AMOR.

viernes, 7 de enero de 2022

Paseo eterno

 La muerte no tiene nombre, sólo es algo que no se ve y que nos lleva por ahí a dar una vuelta para siempre cuando no queremos irnos. Voy a llamarla hija  de la gran puta por llamarla de alguna forma.

Cuando él o la que se muere es otro u otra, nos deja tan vacíos que no nos conocemos en esa medida enorme del sufrimiento, nos miramos en el espejo y casi no nos vemos.

El que se va de paseo con esa hijaputa a la fuerza y por cojones, deja de vivir, de gozar, de ver el sol y la luna ,todo lo deja, a todos los que lo queríamos, nos deja .Y los quedamos nos perdemos en nosotros mismos en nuestra propia casa maldiciendo esa ausencia involuntaria.

Esta enormidad de la existencia se hace más grande y más oscura, más sin sentido, más mierda. La alegría desaparece y nos molestan las risas de los demás, la música, el ruido, los colores...yo que sé, la vida que no sabemos qué coño hacer con ella.

Quiero decir desde aquí a una amiga que ha sufrido una gran pérdida, que el día siempre llega después del tránsito largo de la noche en la que estás ahora, una noche muy larga rodeada de recuerdos y de desesperanza...ya verás que sí. Tienes mi mano tendida, un camino largo que recorrer y tus maravillosas letras. Va por ti, Reyes.

lunes, 3 de enero de 2022

Letras

Nunca me gustaron los números, no los entiendo ni me importan a pesar de que la vida se mueve por números, incluso nosotros somos números. Me gustan más las letras infinitamente más. Leer un buen libro no tiene precio, meterme en sus páginas y husmear en la vida de otros es la maravilla de las maravillas.

A veces, yo misma intento juntar letras más mal que bien, es mi vocación frustrada , contar cosas, historias, inventar amores, situaciones, palabrejas, mil cosas, y estos síntomas los tengo desde siempre, no tiene cura esta adición.

Pienso, que leer es sin duda el más refinado de los placeres, vía libre para la imaginación, y escribir es un aprendizaje que dura siempre y mientras se puedan formar palabras y enlazarlas con los sentimientos. 

Tengo por aquí cosillas escritas, restos de noches y días oscuros, mucha luz también , pero moriré siendo aprendiz o aprendiza de todo. Leer, escribir, no que querer salir de las historias, porque me encariño con ellas, es mi pasión, perderme entre las letras para encontrarme.

No me gustan los números porque no me dicen nada aunque yo misma sea un número .

sábado, 9 de octubre de 2021

La llamada de las letras.

 Escribir aquí, es como hacerlo en un folio en blanco, la diferencia es que alguien puede leerme.

Tan ocupada estoy en vivir que no escribo, leo más y vivo más también.

Tengo mucho dentro, recuerdos y vivencias que no acabo de soltar, pero que están en el archivo de mi memoria. He perdido habilidad para escribir en el teclado del ordenador, me cuesta encontrar las comas, las interrogaciones y demás...supongo que toda esta torpeza es cuestión de práctica.

Ahora, que casi todo lo hago con el teléfono móvil, el ordenador está bastante abandonado. Sea como fuere, a veces escribo en los papeles y por ahí andan esperando. Supongo que compartir lo que se siente y lo que se piensa es algo bueno, pero mi tiempo es tan limitado que no me da para nada.   

Elsa, va creciendo y aprendiendo,  y supongo que cuando me necesite menos podré hacer las cosas que me gustan, porque  me he dado cuenta de que  echo de menos aquellos tiempos en los que escribía a todas horas. De momento, ella llena mis horas y mis días, también muchos de los vacíos que me ha ido dejando la vida. Espero retomar pronto esta maravillosa costumbre de escribir.

                                                    

sábado, 3 de marzo de 2018

Mi abuela


Recuerdos de mi abuela



Mi abuela paterna se llamaba Rosario, murió hace 32 años, pero la recuerdo tan nítidamente que creo tenerla muy cerca de mí. Parece que nació con prisa y vivió siempre con prisa a pesar de no tener reloj. Creo que sus padres la hicieron corre que te corre, en un aquí te pillo, aquí te mato, y durante el trayecto de su vida, llevó la urgencia de todo por sus venas y por su delgaducho cuerpo.

Era morena y tenía el pelo muy largo que recogía en un moño trenzado que se hacía ella sola. Algunas veces  lo vi suelto cuando se lo lavaba, y me quedaba boquiabierta ante la habilidad que tenía para hacerse la trenza.
Era una mujer de mucho carácter, seguramente de ahí viene el mío y también esa urgencia de vivir que tengo, y esa rebeldía suya que me regaló por las venas y que llevo por bandera.
Se levantaba casi antes de salir el sol a pesar de que no tenía grandes cosas que hacer. En invierno encendía el brasero de carbón mientras preparaba el café y echaba de comer a los pájaros. Luego subía las persianas y regaba las plantas. cuando dormía con ella hacía ruido para que me levantara, y yo hundida en la cama de borra, me resistía. Entraba y salía de la habitación una y otra vez, abría el armario, lo cerraba, abría un cajón, lo cerraba...quería que me levantara ya, tenía prisa para hacer nada.
Luego ponía la radio, una radio grande con la carcasa de madera  que tenía en una repisa colgada en la pared, y durante toda la mañana se escuchaba varias veces la canción del Cola-Cao desayuno y merienda ideal, y el di Papá de José Guardiola y su niña. Los pájaros se ponían contentos y cantaban también. Era una casa alegre la de mi abuela, una casa con prisa por amanecer y vivir los pequeños detalles que ahora echo tanto de menos.

Yo era su nieta favorita, y cada dichoso Viernes Santo iba con ella de madrugada a ver la procesión de Nuestro Padre Jesús "El Abuelo", no quería ir sola y durante muchos años siendo yo adolescente la acompañaba en la madrugá hasta la plaza de Santa María para ver al Señor salir de la Catedral. En eso creo que es en lo único que no le he salido. Fue toda su vida analfabeta, al contrario que mi abuela materna, y nunca entendí como se puede vivir sin saber que pone en un papel y sin saber escribir el propio nombre.
Algunas veces viajé con ella a Alicante para ver a mis tías, yo era su guía y la que leía todo, el nombre de las calles, de los trenes, el número de asiento, el buzón del portal. Recuerdo que para reírme, a veces le decía : abuela, di frigorífico, pero como no sabía pronunciarlo y tonta no era, decía nevera. Para decir bolígrafo decía pluma, y a todo le encontraba la palabra adecuada y fácil para ella.

Cuando alguien se moría, me preguntaba ¿yo también me tengo que morir?, claro abuela, y yo, y todos nos tenemos que morir, pero mi abuela era muy miedosa, tenía mucho miedo a la muerte que me trasladó a mí, y a medida que las personas que conozco y quiero se van al otro barrio, más miedo tengo. Me acuerdo mucho ahora de su terror y de sus neuras, de sus manías, de su cara y de sus manos lavando la ropa en la pila con el agua fría. Murió a los 82 años con todo su genio y figura, y a pesar de ser analfabeta, aprendí de ella a llamar al pan pan, y al vino vino, a valorar las pequeñas cosas del día a día, a ir por la vida de frente y mirando a los ojos de los demás, a darme cuenta de quien merece la pena y quien no, aprendí a no querer morirme porque siempre tendré muchas cosas que hacer.